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Tres mitos del movimiento indígena y el Paro Nacional

  1. Pachakutik representa a la población indígena (FALSO).


En el imaginario de la sociedad ecuatoriana se ha tendido a dar por sentada una ineludible conexión del partido Pachakutik (PK) con la población indígena, y que por lo tanto se trata de un partido que se beneficia de un voto étnico. Sin embargo, existen estudios que refutan este argumento.


Datos a nivel nacional y subnacional de las elecciones entre 2002 y 2019 revelan que los candidatos de Pachakutik reciben en promedio menos del 25% de los votos de la población indígena en cada elección. Es decir, PK no recibe la mayor parte de apoyo de los votantes indígenas (Dávila Gordillo 2020). Pachakutik se ha transformado en una opción más dentro del bagaje electoral al que pueden apoyar los votantes indígenas.

Esto resulta sorprendente dada la conocida relación inicial entre el partido, el movimiento indígena y la población indígena.


Participación electoral de PK en el tiempo

A nivel nacional, para las elecciones presidenciales, Pachakutik ha participado en un total de nueve procesos electorales desde su creación (1996; 1998; 2002; 2006; 2009; 2013; 2017; 2021; 2025) (CNE 2024). Únicamente para las elecciones extraordinarias de 2023 no presentó candidato presidencial (ni participó en una alianza para este nivel), así como tampoco presentó una lista de candidatos para asambleístas nacionales. Además, desde su primera experiencia electoral, Pachakutik ha contado con representación en el ámbito legislativo un total de doce ocasiones entre elecciones legislativas y Asambleas Constituyentes (CNE 2024; García 2021).


  1. El movimiento indígena no alcanzó sus exigencias (FALSO)


Las demandas y decisiones presentadas fueron contradictorias entre ellas.

La falta de acuerdo y contradicción presentes en las directrices/acciones del movimiento indígena, responde a la multiplicidad de pueblos y nacionalidades (organizaciones sociales de base) con una identidad étnica distintiva, que conviven bajo el paraguas de la organización. Aquella suma hace del movimiento indígena un espacio predilecto para la existencia de planteamientos e intereses diversos en constante disputa (Santillana 2005). Pese a estas diferencias, en 2022 se alcanzaron 218 acuerdos en las mesas de diálogo, sin embargo, sus contradicciones perduran.


Por ejemplo, tanto en las protestas del 2022 como del 2025 el movimiento indígena exigió el aumento de presupuesto en salud y educación. Sin embargo, simultáneamente proponían la reducción de ingresos fiscales por medio de reducción de impuestos. También, tanto en 2022 como en 2025 se exigió una mayor participación y diálogo a los gobiernos de turno, empero, su participación en las mesas de diálogo del 2022 estuvo condicionada y ahora, en el 2025, se oponen de forma radical a la consulta y posibilidad de una asamblea constituyente.


Decisiones Sin articulación interna previa.

La heterogeneidad étnica y política de los diversos pueblos y nacionalidades que forman parte de las organizaciones de base dificultan la capacidad para mantener aquella unidad que en principio les permitió devenir en un actor político trascendental en el país (Santillana 2009; Dávila Gordillo 2021).


Por lo tanto, el movimiento indígena se constituye como una plataforma de agregación de sentidos, proyectos, intereses y de diversos actores, pero al mismo tiempo esta multiplicidad de tendencias que direccionan al movimiento hacia una forma particular de acción, también da lugar a la presencia de tensiones, conflictos y contradicciones en torno a diferentes cuestiones, particularmente presentes en los procesos de toma de decisiones (Padilla 2024).

Un ejemplo de las contradicciones, tensiones así como la falta de cohesión a lo largo del movimiento indígena se reflejan en el acuerdo entre el gobierno y dirigentes de organizaciones sociales indígenas pertenecientes a un sector del movimiento, posteriormente este acuerdo fue desconocido por otros sectores. El 16 de octubre la CONAIE señaló que no participó de los diálogos, además, el mismo día la Federación de Organizaciones Indígenas del Azuay desconoció el fin del paro.


  1. La población indígena participó en el paro y apoyó las demandas (FALSO)

Existe un comando jerárquico actual en la Conaie que aplica prácticas de fuerza, menos democráticas.


Las movilizaciones no sólo abrigan en su seno nuevos cauces de participación, deliberación y posibles plataformas que habiliten la incorporación de demandas, sino también se erigen como el espacio adecuado para que prácticas nocivas a la democracia tengan lugar. En medio del paro se alzaron algunas voces de personas y sectores propios de la población indígena para denunciar la presencia de acciones y el uso de elementos cuestionables y poco democráticas por parte de dirigentes para generar participación en las movilizaciones.

Estas denuncias se hicieron eco principalmente a través de medios y plataformas digitales, todas ellas con el mismo argumento, el uso de amenazas, coerción o chantajes contra aquellas personas que no participaron en el paro.


A través de Facebook, Radio Centro publicó la denuncia que realizó la Organización AMARU respecto a la presencia de amenazas contra quienes no participaron en el paro nacional dentro de la CONAIE, señalando que algunos dirigentes han “perdido el rumbo” y están generando división en el movimiento indígena.


De la misma manera, en la plataforma de Tik Tok se difundieron videos de dirigentes indígenas que amenazaban con tomar la ciudad de Ibarra durante el feriado y destrozar todo si la ciudadanía no se unía al paro. Otro rastro de la misma naturaleza fue publicado por el medio digital Actualidad Informativa, con un video subido a Facebook de una denuncia de coerción en Cotacachi, donde jóvenes manifestaban que son obligados a participar en las protestas convocadas por dirigentes locales, bajo amenaza de justicia indígena y multas de $20 diarios si se niegan a hacerlo.


CONCLUSIONES


La aparente pérdida de cohesión y capacidad de movilización del movimiento indígena durante el paro nacional de 2025 no puede explicarse únicamente por factores coyunturales o por las diversas estrategias gubernamentales de contención y deslegitimación. Si bien el entorno político y comunicacional ha influido en la percepción pública de la movilización -y todo lo que ello acarrea-, el núcleo del problema también radica en las tensiones internas del propio movimiento indígena, cuya heterogeneidad étnica, política y organizativa distintiva ha dificultado históricamente la articulación de una agenda común y sostenida. Como señala Santillana (2009) y Dávila Gordillo (2021), la CONAIE funciona como una plataforma de agregación de sentidos y demandas diversas, lo que la convierte en un actor social y político trascendental pero también altamente vulnerable a fracturas internas, disputas de liderazgo y contradicciones estratégicas.


Parece ser que estas tensiones se han agudizado en los últimos años, manifestándose en el desconocimiento de decisiones o decisiones no consensuadas, liderazgos cuestionados y prácticas de movilización que en algunos casos, han sido denunciadas como coercitivas por miembros de las propias comunidades. Esta situación ha erosionado la legitimidad interna del movimiento y ha debilitado su capacidad de interlocución política, tanto con el Estado como con su base social.


En ese sentido, la falta de institucionalización de sus demandas a través de canales o plataformas político-formales -como Pk, cuya representatividad ha sido limitada y fluctuante (Dávila Gordillo 2021)- ha contribuido a una creciente desconexión entre dirigencias y bases. Por tanto, más allá del contexto, el paro de 2025 revela una crisis estructural de articulación y legitimidad dentro del movimiento indígena, que exige una revisión crítica de sus mecanismos de representación, toma de decisiones y construcción de unidad en la diversidad.

 
 
 

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