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Dolarización en el Ecuador: Sistema de tipo de cambio desde una visión teórica

En el primero de los cinco artículos planteados, se realizó un recuento rápido sobre los aspectos empíricos que llevaron a optar por la medida de dolarizar la economía ecuatoriana, el cálculo de la tasa de cambio y los primeros momentos del ajuste.

Leer primer artículo de la serie.


La dolarización, en palabras de Kurt Schuler -“Some Theory and History of Dollarization” (Cato Institute 2005), es definida como otro sistema de tipo de cambio fijo, caracterizada por el uso de una moneda extranjera como medio de pago y sistema de registro dentro de una economía. En términos comunes, podemos decir que la dolarización es un sistema de tipo de cambio fijo extremo que se caracteriza por el abandono de la moneda local y el uso de una moneda extranjera en su reemplazo.

A partir de esta definición simplificada, mencionaré algunos de los principales economistas que nos ayudarán a entender el sistema de dolarización desde una visión teórica, y así presentar algunas conclusiones al respecto. En primera instancia, trataremos la postura de Carl Menger en su texto “El origen del dinero”, escrito en 1892.

Menger plantea que el origen del dinero se da de manera espontánea, con el objetivo de facilitar las transacciones y, que éste, podrá ser cualquier cosa que los agentes económicos acepten como medio de intercambio. Este dinero buscará ser perfeccionado por los gobiernos, quienes no necesariamente lo han logrado. Para complementar, el análisis de Murray Rothbard en su obra, “¿Que ha hecho el Gobierno con nuestro dinero?” (1963), analiza que, si bien un gobierno intenta garantizar que no existan abusos por particulares en el uso del dinero, la interrogación que nos queda es: ¿quién nos garantiza que el Estado no cometa abusos con el uso del mismo?, pregunta que responderé más adelante.

Retomando la propuesta de Menger, él nos aporta algunas alternativas para que los gobiernos puedan aplicar una regla correcta en la producción del dinero, particular que hasta el día de hoy sigue siendo tema de controversia y desacuerdos entre los tomadores de decisiones. Unos, por un lado, buscan satisfacer las necesidades “ilimitadas” de los Estados, por medio de la impresión de dinero; otros, en lograr mayor responsabilidad con el uso de la moneda, pero siempre los dos buscando mantener el valor intrínseco de la misma, que en el primer caso no se ha logrado, más aun cuando existe la opción de tener más de una moneda dentro de la economía.

En este sentido, ya en 1858, Henry Dunning Macleod había bautizado con el nombre: “Ley de Gresham” al planteamiento que en el sigo XVI Sir Thomas Gresham había observado en la cotidianidad, que cuando un gobierno busca asignar valor a dos o más monedas, los usuarios tenderán a utilizar primero aquella de menor valor intrínseco y a guardar aquella que tiene el valor opuesto. Gresham no fue el único en haber analizado esta temática, en 1986, Arthur Rolnick y Warren Weber argumentaron que las monedas, tanto la buena como la mala, se mantendrán en circulación y, que a diferencia de lo esbozado por Dunning, estas se verán afectadas por un premio o un descuento generado en el mercado.

Por otro lado, es importante analizar a John Maynard Keynes, en su texto de 1923, “Track of Monetary Reform”, donde da una explicación muy clara de lo que significa para una economía el contar con una moneda y un tipo de cambio. Como parte de su análisis histórico-empírico, basa su análisis en la búsqueda de lograr un control en la cantidad de dinero y de crédito como la mejor opción para lograr la estabilización de precios internos en la economía. Adicionalmente, identifica con claridad quienes podrían ser los afectados cuando el dinero pierda su poder de compra y como los procesos inflacionarios o deflacionarios afectan a los agentes económicos divididos en inversionistas, empresarios y asalariados.

En este sentido, Keynes presenta un análisis sobre los efectos de la variación de precios en función de las alternativas del tipo de cambio existentes: optar por un tipo de cambio fijo o determinar uno totalmente flexible, siempre en función de la mencionada búsqueda de la estabilidad de precios. En resumen, el autor propone que en momentos de inflación tanto los empresarios como los asalariados podrían beneficiarse de un aumento en los precios, siempre y cuando exista diferencia entre el momento de compra de insumos y la venta del producto final para los primeros, como del poder de negociación e indexación de los salarios para los segundos; mientras que en el grupo de los inversionistas y rentistas, la inflación estará en contra de sus intereses, beneficiándose sólo en los momentos que exista un control total de la variación de los precios.

Finalmente, Steven Hanke —un importante defensor de la dolarización actual—, asevera que este sistema es el reemplazo de una moneda local por una internacional, creando un sistema de tipo de cambio fijo entre las dos economías y al que considera como un sistema de abandono de moneda. Concluye que la dolarización es efectiva cuando el sistema monetario interno no ha funcionado, siendo necesario para la estabilización del nuevo modelo, que sea acompañado por algunas decisiones de política, tales como: la estabilidad y transparencia fiscal, simplificación de los principales precios de la economía, desregulación y acciones que permitan dar seguridad al flujo de capitales.

Reflexiones frente a la dolarización

La dolarización es un sistema de tipo de cambio fijo aplicado en siete países que adoptaron el dólar estadounidense en reemplazo a su moneda local, de igual modo, a la decisión tomada por más de 20 países que optaron por otras monedas fuertes, como: el euro, el dólar australiano, la rupia india, entre los principales.

Nuestra desaparecida moneda, el “sucre”, fue reemplazada, al dejar de cumplir con las principales funciones del dinero; perdió toda su credibilidad y aceptación, dejando de ser una institución en sí misma y rompiendo por todo lado con toda regla de emisión establecida.

La dolarización se plantea con el fin de dar estabilidad a la economía y en especial a los precios, cumpliendo con la tesis: en momentos de dificultades de orden nominal se requiere un tipo de cambio fijo para solventar la inestabilidad, lo cual en el Ecuador se dio correctamente.

La decisión de dolarizar una economía debe ir acompañada de una serie de acciones que la fortalezcan, que en ningún caso será el cerrarse al mundo, imponer precios u otros similares que puedan poner en riesgo al sistema de tipo de cambio y a la economía en general, como lo veremos en las siguientes entregas.

Christian Albuja T.

Economista, MBA in Corporate Strategy and Economic Policy, Ph.D. (c) en Economía

Profesor, Analista Económico y Consultor

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