La disyuntiva entre quedarse en casa y sobrevivir

El miedo nos ganó, pero es tiempo de considerar soluciones fuera de cuatro paredes

Son 34 días desde que se decretó la cuarentena en Ecuador. Algunos la llaman “aislamiento voluntario”, otros “encierro”. Independientemente de cómo la llamemos, la pregunta que ronda la cabeza de la mayoría es si esta medida es sostenible.


La (falsa) dicotomía entre salud y economía ha quedado atrás. Hemos entendido que la cuarentena no cura, que tras diez, veinte, cuarenta días de confinamiento el virus seguirá presente. Entonces nos damos cuenta de que, si bien disminuimos el número de casos y minimizamos el riesgo de contagio al quedarnos en casa, esta opción no será sostenible en el mediano o en el largo plazo.


El miedo –un sentimiento totalmente aceptable ante lo desconocido– nos ganó y es normal que esto suceda. Además, ante la fata de información certera, lo lógico es esperar lo mejor mientras uno se recluye en casa al ser la única alternativa. Estamos superando una primera etapa con altos costos y demasiadas vidas perdidas.


El efecto de representatividad se va diluyendo y atrás quedan los retos de Instagram y el hashtag quédate en casa ya que esta opción no aplica para todos y la necesidad de quienes no pueden aislarse se incrementa con cada día de cuarentena. Un gran porcentaje de la población debe y va a salir a las calles para producir lo poco o mucho que pueda, ante una ciudad semivacía.


Es momento de una segunda etapa, en la que el miedo será encarado y tengamos que decidir, inevitablemente, entre el riesgo de un posible contagio y la sostenibilidad, no solo individual, sino de todos aquellos que conforman la ciudad, el país y la economía. Será una acción que fortalezca nuestro carácter y que nos lleve a aceptar obstinadamente la realidad y circunstancias que vivimos.


¿Esto implica que debemos ser descuidados? No. Debemos minimizar riesgos, escuchar a los expertos en el tema y tomar las medidas necesarias para que el riesgo sea mínimo. Esta segunda etapa incluye también el pedir, exigir y promover que todos acatemos estas recomendaciones.


La “nueva normalidad” de la que se habla no es más que el continuo devenir del tiempo, en esta ocasión, bajo circunstancias que el mundo no vivía desde hace años. Al aceptar estas nuevas reglas de juego tendremos la valentía para tomar decisiones acertadas por nosotros mismos, más aún, considerando el fracaso de aquellas decisiones tomadas por quienes nos gobiernan.


Esta imagen ejemplifica todo lo relatado anteriormente. Esta imagen es la respuesta más práctica que podemos dar a la interrogante planteada al inicio de este artículo. Más pronto que tarde tendremos que encarar el miedo, aceptar lo que no está bajo nuestro total control y ayudar a todos quienes por necesidad han pasado por este proceso antes que nosotros.

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