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Comercio en el bus

Actualizado: 9 feb 2023


Es lunes y son aproximadamente las 11:30 de la mañana. Al bus casi vacío de la cooperativa San Carlos, ruta La Roldós – La Magdalena, suben cinco comerciantes informales ofertando distintos productos a precios módicos. Todo cuesta un dólar: galletas, perfumes, lápices y legumbres. Todo lo que uno se pueda imaginar, se ofertó a lo largo de la ruta de este bus en Quito.


Quizá para alguien que se mueva diariamente de un lugar a otro en bus, ver vendedores en el transporte público le parezca algo molesto y hasta peligroso por las malas experiencias que se viven, leen y escuchan de otros usuarios. Hay personas que, durante el trayecto del transporte público urbano, se dedican a amedrentar a los usuarios bajo el presunto rol de comerciantes ambulantes.


Vender en el bus no es fácil. Por ejemplo, de los cinco vendedores que subieron en el bus, entre dos de ellos lograron vender dos dólares. Un dólar cada uno, a pesar de los precios accesibles y lo novedosos que son algunos de los productos ofertados.


Las malas experiencias de los usuarios, así como de conductores y ayudantes del transporte urbano, han llevado a que varios choferes opten por no dejar subir a los comerciantes ambulantes a sus unidades. La consecuencia directa es que las oportunidades de venta de los ambulantes se reducen y estos pasan a ocupar espacios como la salida del túnel de San Juan para atrapar las pocas unidades en las que pueden subir y lograr, al menos, ofertar sus productos.


Los vendedores en los buses, a pesar de no ser algo nuevo en la ciudad, parece que están en aumento a causa de la pérdida de empleos formales en el sector privado y la alta carga tributaria y burocrática sobre las iniciativas de pequeños y medianos negocios. Es palpable que las personas prefieren no invertir en la formalidad por lo demoroso y costoso de los trámites como RUC o RISE LUAE, Patente Municipal, etc., frente a lo apresurado que se necesitan recursos económicos para sobrevivir (Quito, 2019).


Para los usuarios del transporte urbano, se pierde comodidad con tantos vendedores, a veces hay incluso más de dos al mismo tiempo en la misma unidad. Es imposible comprar todo lo que ofertan, así sea solo por ayudar. Varios de los vendedores antes de presentar sus productos, inician con un discurso en el que dicen: “vender en el bus, no es algo que me agrade hacer”. Es más, quizá no lo harían si mantuvieran un empleo o la lógica de la estructura del estado no les impidiese tener un lugar fijo de venta de productos y servicios. Muchos de ellos son personas con oficios, carreras y sueños; que se vieron forzados a volverse vendedores ambulantes ante la falta de oportunidades laborales y de emprendimiento formal.


Al bus no solo suben pasajeros, suben también los sueños y esperanzas de las personas que a diario trabajan ofertando sus novedosos y económicos productos en cada unidad en la que pueden trabajar. Algunos no sólo lo hacen para sobrevivir, sino que para dejar ser aquel ser que incomoda, causa miedo y molesta a los pasajeros y los conductores.

Autor: Edgar Wladimir Cabascango


Referencias Bibliográficas


Quito, C. d. (01 de 2019). Cámara de Comercio de Quito . Obtenido de https://ccq.ec/wp-content/uploads/2019/01/Instructivo-legal-pra%CC%81ctico-para-emprendedores-DEF.pdf



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